(continuación)
El eje de la lateralidad
La coordenada de la lateralidad está profundamente relacionada con la división funcional de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro humano, así como con la frontera entre la mente consciente y lo inconsciente. En numerosos idiomas, la derecha (el lado derecho) y LO derecho (lo que no está torcido) se designan con la misma palabra, o con palabras congéneres y casi idénticas. En ruso, la raíz "prav-" designa el lado derecho (napravo - hacia la derecha), pero tambien la verdad y la veracidad (on prav - él tiene razón, está en lo correcto, Pravda - La Verdad). En ingles y alemán, las respectivas palabras "right" y "Recht" agrupan similares significados.
A su vez, los romanos nos han dejado la palabra "siniestra" que designa lo amenazante... y lo que viene por la izquierda.
Los conceptos de izquierda y derecha están asociados a la posición del sol si miramos al norte (que a su vez encarna el polo frontal en la coordenada de la posterioridad). La derecha es el sol naciente, la luz que disipa la oscuridad e incertezas de la noche, mientras que a nuestra izquierda el sol muriente, el sol derrotado, nos abandona a los terrores de la noche. De modo que la segunda importante asociación de esta coordenada es el binomio luz - oscuridad.
Eje del Volumen-permeabilidad-apertura
Es difícil definir en una sola palabra la gama de sentidos representados en este eje. Quizás el lector pueda representarse esta coordenada mejor si destacamos que su función asociada fundamental es la RESPIRACIÓN, con las implicaciones simbólicas de intercambio, fuerza vital, y expansión que la respiración humana conlleva. De allí que se le pudiera llamar propiamente "coordenada del metabolismo pneumático" (¡nada que ver con las ruedas de los automóviles!). Esta coordenada psico-soma-lógica está relacionada con la expasión y contracción, con una noción general de volumen, del espacio (físico y metafórico) que abarcamos como individuos, pero tambien con la apertura o permeabilidad -nuestra predisposición metabólica- versus la cerrazón y el aislamiento; con las sensaciones de densidad y ligereza, que nos llevan a sentimientos "densos" que cargamos como "piedras en el alma", o bien a un ánimo "ligero". Últimamente, esta coordenada está relacionada con la flexibilidad, como condición posibilitante de las operaciones metabólicas de la misma.
En ruso, la construcción дышать вольно dyshat' vol'no significa textualmente "respirar libremente", pero el sentido en que se usa es "vivir con libertad, a sus anchas, desembarazadamente". Nótese que el adverbio empleado en el fraseologismo no es свободно svobodno, lo cual significaría simplemente "libre, libremente" en un sentido bastante literal, sino вольно vol'no, cuya raiz indoeuropea *vol lo emparenta con el español "voluntad", el inglés "will" y el alemán "der Wille". Respirar a voluntad, respirar ejecutando la propia voluntad, sería pues vivir en libertad y contento.
Para ilustrar la relevancia de la flexibilidad en esta coordenada que, un tanto barrocamente y a mi pesar, he denominado "volumen-permeabilidad-apertura", o de "metabolismo pneumático" (realmente no sé cuál de las dos es más horrible), quisiera ofrecer el siguiente ejemplo: en Argentina, e imagino que en muchos otros países de habla hispana y no hispana, la avaricia, en el lenguaje, está relacionada con el codo. Así, una persona avara, tacaña, es descrita como "codito de oro", o "duro de codo". La actitud de cerrazón corporal, de negación a la apertura y al dar, son simbolizadas o representadas en el lenguaje por el brazo doblado, cerrado, que ofrece al que pide no la mano de dar, sino el codo de negar. Podemos imaginar asimismo el brazo del tacaño, simbólica o efectivamente abrazando y defendiendo su posesión con el codo cerrado, sea esta un objeto, o su propia persona.
Similarmente, ser "mano abierta" significa, inequívocamente, ser generoso, ser dador.
Ahora, no hay nadie que haya enseñado un instrumento de cuerda, por poco que sea, y por elemental que haya sido el nivel de sus alumnos, que no se haya encontrado, en un punto u otro del proceso, con el problema de "el codo derecho que se niega a abrirse".
La tendencia primaria de casi todo pedagogo, en especial aquellos que conocen bien la teoría mecánica y anatómica de la técnica del instrumento, es la de encarar la solución de este problema en términos del análisis mecánico de los movimientos del brazo derecho.
Mi pregunta es: ¿qué tal si por un momento concedemos que el estudiante acaso esté reflejando, en sus movimiento, limitaciones propias de una aceptacion y uso acríticos del lenguaje? O mejor dicho, ¿qué tal si asumimos que su dinamismo emocional y físico ha sido trabado por un manejo poco experto del lenguaje y sus consecuencias para con el cuerpo y la mente? La aceptación de esa premisa sugeriría que, si establecemos nuevas conecciones psico-soma-lógicas (mente-cuerpo-lenguaje) podríamos acercarnos a una solución.
Mi propia experiencia me indica que gran parte de los problemas posicionales de los violinistas viene de la creencia (inconsciente) en la necesidad de defenderse del público. La resistencia emocional a entablar una relación metabólica (intecambio, ir y venir) con la energía "público" los fuerza a levantar barreras, que empiezan siendo emocionales y terminan siendo corporales. La necesidad de una afirmación estática del yo frente a lo que es percibido como una amenaza (el público, el juicio de los demás) lleva a una afirmación estática del cuerpo. Al hacer eso, el cuerpo-mente, para dejar de recibir la energía que no quiere metabolizar, tiene que, forzosamente, también dejar de dar. El cierre de las puertas del metabolismo pneumático implica que entra menos, pero también que sale menos. El precio que se paga por esa precaria seguridad es, en lo anímico y artístico, un estado de mezquindad, y en los físico y técnico, la pérdida de la flexibilidad.
Recientemente invité a un estudiante mío, que padecía este preciso problema, a realizar el siguiente experimento: con el violín colocado, pero sin el arco, le sugerí que, en primer lugar, se imaginase a sí mismo como un rey o soberano. Al trabajar esa imagen durante unos minutos, pudimos establecer una mejor sintonía en el eje vertical - ahora su "stanza" era la de quien tiene poder y está en control, alguien "bien parado", no "una hoja al viento". Luego lo invité a realizar movimientos circulares moderadamente lentos con el brazo derecho, como si fuese a tocar repetidas notas con el arco entero para abajo. La imagen a la que le propuse fue explicarle que, desde tiempos inveterados, los poderosos de este mundo han acudido a despliegues de generosidad para poner en relevancia la magnitud de su poder. Evidentemente, solo quien posee en grado de sobra es capaz de regalar y beneficiar a los demás. La idea, pues, consistía en imaginarse que el violín era, en realidad, una bolsa llena de monedas de oro, que cada vez que llevaba la mano al violín recogía un puñado de esas monedas, y que al extender el brazo, las arrojaba a sus súbditos extasiados de gratitud. Fue muy interesante ver cómo, a medida que mi estudiante "entraba" en el pequeño rol que yo, a manera de un dramaturgo, le había diseñado, sin entrar en ningún análisis anatómico, una tras otras las trabas y falsos movimientos que intentaban constreñir la apertura del codo y otras articulaciones del brazo derecho iban desapareciendo.
Nótese, adicionalmente, que el brazo derecho es también usado por ciertos estudiantes de violín como una manera de ocultar la cara, afectando de ese modo al eje de la posterioridad en tanto que eje en el que se manifiesta nuestra autoafirmación y el reclamo de autoría, respondabilidad, mérito y recompensa por nuestras acciones, incluyendo nuestras acciones como violinista.
En suma: temor, inflexibilidad, contracción del espacio personal y aumento de la "densidad" son fenómenos concurrentes en el sentido negativo de la coordenada "volumen-permeabilidad-apertura", mientras que osadía, máxima flexibilidad, expansión anímica y física (el famoso "élan") y liviandad volátil lo son del sentido opuesto.
El eje de la lateralidad
La coordenada de la lateralidad está profundamente relacionada con la división funcional de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro humano, así como con la frontera entre la mente consciente y lo inconsciente. En numerosos idiomas, la derecha (el lado derecho) y LO derecho (lo que no está torcido) se designan con la misma palabra, o con palabras congéneres y casi idénticas. En ruso, la raíz "prav-" designa el lado derecho (napravo - hacia la derecha), pero tambien la verdad y la veracidad (on prav - él tiene razón, está en lo correcto, Pravda - La Verdad). En ingles y alemán, las respectivas palabras "right" y "Recht" agrupan similares significados.
A su vez, los romanos nos han dejado la palabra "siniestra" que designa lo amenazante... y lo que viene por la izquierda.
Los conceptos de izquierda y derecha están asociados a la posición del sol si miramos al norte (que a su vez encarna el polo frontal en la coordenada de la posterioridad). La derecha es el sol naciente, la luz que disipa la oscuridad e incertezas de la noche, mientras que a nuestra izquierda el sol muriente, el sol derrotado, nos abandona a los terrores de la noche. De modo que la segunda importante asociación de esta coordenada es el binomio luz - oscuridad.
Eje del Volumen-permeabilidad-apertura
Es difícil definir en una sola palabra la gama de sentidos representados en este eje. Quizás el lector pueda representarse esta coordenada mejor si destacamos que su función asociada fundamental es la RESPIRACIÓN, con las implicaciones simbólicas de intercambio, fuerza vital, y expansión que la respiración humana conlleva. De allí que se le pudiera llamar propiamente "coordenada del metabolismo pneumático" (¡nada que ver con las ruedas de los automóviles!). Esta coordenada psico-soma-lógica está relacionada con la expasión y contracción, con una noción general de volumen, del espacio (físico y metafórico) que abarcamos como individuos, pero tambien con la apertura o permeabilidad -nuestra predisposición metabólica- versus la cerrazón y el aislamiento; con las sensaciones de densidad y ligereza, que nos llevan a sentimientos "densos" que cargamos como "piedras en el alma", o bien a un ánimo "ligero". Últimamente, esta coordenada está relacionada con la flexibilidad, como condición posibilitante de las operaciones metabólicas de la misma.
En ruso, la construcción дышать вольно dyshat' vol'no significa textualmente "respirar libremente", pero el sentido en que se usa es "vivir con libertad, a sus anchas, desembarazadamente". Nótese que el adverbio empleado en el fraseologismo no es свободно svobodno, lo cual significaría simplemente "libre, libremente" en un sentido bastante literal, sino вольно vol'no, cuya raiz indoeuropea *vol lo emparenta con el español "voluntad", el inglés "will" y el alemán "der Wille". Respirar a voluntad, respirar ejecutando la propia voluntad, sería pues vivir en libertad y contento.
Para ilustrar la relevancia de la flexibilidad en esta coordenada que, un tanto barrocamente y a mi pesar, he denominado "volumen-permeabilidad-apertura", o de "metabolismo pneumático" (realmente no sé cuál de las dos es más horrible), quisiera ofrecer el siguiente ejemplo: en Argentina, e imagino que en muchos otros países de habla hispana y no hispana, la avaricia, en el lenguaje, está relacionada con el codo. Así, una persona avara, tacaña, es descrita como "codito de oro", o "duro de codo". La actitud de cerrazón corporal, de negación a la apertura y al dar, son simbolizadas o representadas en el lenguaje por el brazo doblado, cerrado, que ofrece al que pide no la mano de dar, sino el codo de negar. Podemos imaginar asimismo el brazo del tacaño, simbólica o efectivamente abrazando y defendiendo su posesión con el codo cerrado, sea esta un objeto, o su propia persona.
Similarmente, ser "mano abierta" significa, inequívocamente, ser generoso, ser dador.
Ahora, no hay nadie que haya enseñado un instrumento de cuerda, por poco que sea, y por elemental que haya sido el nivel de sus alumnos, que no se haya encontrado, en un punto u otro del proceso, con el problema de "el codo derecho que se niega a abrirse".
La tendencia primaria de casi todo pedagogo, en especial aquellos que conocen bien la teoría mecánica y anatómica de la técnica del instrumento, es la de encarar la solución de este problema en términos del análisis mecánico de los movimientos del brazo derecho.
Mi pregunta es: ¿qué tal si por un momento concedemos que el estudiante acaso esté reflejando, en sus movimiento, limitaciones propias de una aceptacion y uso acríticos del lenguaje? O mejor dicho, ¿qué tal si asumimos que su dinamismo emocional y físico ha sido trabado por un manejo poco experto del lenguaje y sus consecuencias para con el cuerpo y la mente? La aceptación de esa premisa sugeriría que, si establecemos nuevas conecciones psico-soma-lógicas (mente-cuerpo-lenguaje) podríamos acercarnos a una solución.
Mi propia experiencia me indica que gran parte de los problemas posicionales de los violinistas viene de la creencia (inconsciente) en la necesidad de defenderse del público. La resistencia emocional a entablar una relación metabólica (intecambio, ir y venir) con la energía "público" los fuerza a levantar barreras, que empiezan siendo emocionales y terminan siendo corporales. La necesidad de una afirmación estática del yo frente a lo que es percibido como una amenaza (el público, el juicio de los demás) lleva a una afirmación estática del cuerpo. Al hacer eso, el cuerpo-mente, para dejar de recibir la energía que no quiere metabolizar, tiene que, forzosamente, también dejar de dar. El cierre de las puertas del metabolismo pneumático implica que entra menos, pero también que sale menos. El precio que se paga por esa precaria seguridad es, en lo anímico y artístico, un estado de mezquindad, y en los físico y técnico, la pérdida de la flexibilidad.
Recientemente invité a un estudiante mío, que padecía este preciso problema, a realizar el siguiente experimento: con el violín colocado, pero sin el arco, le sugerí que, en primer lugar, se imaginase a sí mismo como un rey o soberano. Al trabajar esa imagen durante unos minutos, pudimos establecer una mejor sintonía en el eje vertical - ahora su "stanza" era la de quien tiene poder y está en control, alguien "bien parado", no "una hoja al viento". Luego lo invité a realizar movimientos circulares moderadamente lentos con el brazo derecho, como si fuese a tocar repetidas notas con el arco entero para abajo. La imagen a la que le propuse fue explicarle que, desde tiempos inveterados, los poderosos de este mundo han acudido a despliegues de generosidad para poner en relevancia la magnitud de su poder. Evidentemente, solo quien posee en grado de sobra es capaz de regalar y beneficiar a los demás. La idea, pues, consistía en imaginarse que el violín era, en realidad, una bolsa llena de monedas de oro, que cada vez que llevaba la mano al violín recogía un puñado de esas monedas, y que al extender el brazo, las arrojaba a sus súbditos extasiados de gratitud. Fue muy interesante ver cómo, a medida que mi estudiante "entraba" en el pequeño rol que yo, a manera de un dramaturgo, le había diseñado, sin entrar en ningún análisis anatómico, una tras otras las trabas y falsos movimientos que intentaban constreñir la apertura del codo y otras articulaciones del brazo derecho iban desapareciendo.
Nótese, adicionalmente, que el brazo derecho es también usado por ciertos estudiantes de violín como una manera de ocultar la cara, afectando de ese modo al eje de la posterioridad en tanto que eje en el que se manifiesta nuestra autoafirmación y el reclamo de autoría, respondabilidad, mérito y recompensa por nuestras acciones, incluyendo nuestras acciones como violinista.
En suma: temor, inflexibilidad, contracción del espacio personal y aumento de la "densidad" son fenómenos concurrentes en el sentido negativo de la coordenada "volumen-permeabilidad-apertura", mientras que osadía, máxima flexibilidad, expansión anímica y física (el famoso "élan") y liviandad volátil lo son del sentido opuesto.